sábado, febrero 24, 2007

Escritura y descripción

.





En ese punto negro está este poema que no ha sido escrito. O mejor: está a punto de escribirse. Hay una palabra que sobresale. PÁJAROS. No es contemplativo porque es contemplativo. Es un jardín zen, es una montaña nevada y cerezos; también el Cañón de Colorado y una frágil autopista. PÁJAROS, dice. La primera condición, etc. (Juan de Yepes, dixit). PÁJAROS. Por la mañana una cita de Chomei (1212 después de J.C.): “Considera la vida de los pájaros y de los peces. Jamás el pez se cansa del agua; pero no siendo pez, nunca podrás saber lo que el pez siente. Jamás el pájaro se fatiga del bosque; pero, no siendo pájaro, nunca comprenderás sus sentimientos. Igual sucede con la vida religiosa y la vida poética: si no las vives, nada comprenderás jamás de ellas.”
Motivo de estudio: reflexionar sobre los pájaros, sobre ese punto negro.

Gärten




1
“Podría pensarse en una esfera blanca y un poco de ruido. Hay demasiadas ideas en el aire en espera de cubrir la mancha. Bastan las buenas intenciones o un curso repetido o solitario: no importa. Tendría que ser divertido conocer la diferencia establecida entre la palabra y el cuerpo o entre el paisaje de la isla y un campo de golf”.

2
A veces exhibe
un rostro demoledor.
-Conoces lo más alto.
A veces su afirmación
primitiva
es una sombra.
-Explica las ventajas de los trenes.
A veces las nubes
enormes
provocan esperanza
en el curvo paisaje del desierto.

3
Nunca hubo contradicción: en invierno emigró el chingolo piquiblanco a otras tierras. Entonces quedó el jardín desolado. ¿En verdad lo crees? Ahora nada constituye un error. Este escenario tiene algo de cielo transitorio…

4
Las huellas en el jardín
son otras huellas. Un zarpazo
y un grano de madera.
(Tienen algo de fotografía familiar).
Ha pasado tanto tiempo
que lo más extraño para nosotros
es el follaje.
No sabría explicarlo.

5
A cierta distancia de aquí hace más calor que en este mundo. Permanecen las tumbonas quietas, la grama perfecta, un poco de agua saliendo del surtidor. Tú y yo estamos instalados en el verdor y el aliento. Olvidé decirte lo del sismógrafo. Claros son los ojos de la mediatarde.

Praga


poema visual


martes, enero 30, 2007

martes, noviembre 21, 2006

Dioses absortos con una flecha al costado

Hay un poema de J. H. que me hubiera gustado escribir. Un poema
podría ser un poema o la sombra del pájaro. Entonces
un poema sería la risa de esa muchacha que mira en la ventana.
Hay quietud en las torcazas
luego de la lluvia.
No existe cohesión
en las palabras. Me hubiera gustado escribir ese poema. Todo
acto es una pérdida, algo queda atrás y las palmeras solitarias
trazan una mano hacia la herida.
Pero recuerdo largas discusiones con J., anónimas discusiones
en otras partes del mundo:
a) en un pub de adolescentes
b) en un teleférico (nubes accidentadas, lluvia y abismo)
c) en una cantina mientras una mujer orina ebria y ausente
d) etc.
Allí apareció el poema
que quise escribir. Luego en San Telmo una noche. Tenía
en la cabeza el Río de la Plata,
unos cuantos haikús de Basho
y el humo ebrio de un tango.

…a nosotros sólo nos queda resistir
nadar en las albercas de vacío hasta llegar al zen
o perder toda la piel en filamentos
o al menos emerger al otro lado del domingo…
[1]

Imposible decirlo. El poema
es la sensación de vacío en la memoria; dioses
absortos con una flecha al costado.
Una cosa pasó. Tuvimos discusiones. Allí estaba el sol:
brilló una noche en El túnel. Cuántas
horas de alcohol, falcinelos
y la risa procaz de la puta envejecida.

¿Las monedas del mundo son este poema?

Y en ese sueño conté diez yeguas, un verso de Pavese,
y cientos de ticuses. Mientras, el avión caía.
Estamos muertos, pensé. Nunca escribiré, p.ej,
hay tersura en las piernas de la azafata
y la balanza de este parpadeo me llevará al Bósforo.
Podría escribir entonces pero el avión caía
entre nubes dispersas.

Me prometieron una conversación. Oscuras
las aguas barrosas del Río de la Plata. Luego el frío,
la música electrónica en el bar de topless: una mesera
sonreía como Louise Brooks.

Novela frente al río

Paisaje de humor sin música,
escrito por la música…

J. A.

Creo que un día, al flexionar un brazo, se hundirá la semejanza de nosotros. El sofá-cama, aletargado durante la noche estival, o ahora mismo, frente a la ventana, yace impaciente. Escuchaste Las lamentaciones invadir otro cielo. Habías pensado en la brillantez del paisaje o en el rostro de lo inevitable.

Una canoa emerge, creo. Es extraña la erosión del follaje.
Tiene de familiar lo que celebramos, el sentimiento considerado como banal, las largas calles vacías de una ciudad inexpresiva. Podría ser una novela o la migración de una música sabida. Ese defecto de la pérdida tiene un color nuevo, imaginemos entonces tres caballos pastando. Hace tiempo lo dijiste: “los caballos son rojos en domingo”. Tendría que guardar la restauración, los restos ácidos y, ya después de todo, quedaríamos unidos en medio de ese bosque. Uno no puede resignarse a los nombres mencionados de pasada, en esa lista que crece; ahora, francamente, se confunde el césped, pero hundiremos, sí estás de acuerdo, una tarde. Nadie disimula el rastro de la primavera y un poco de humor mientras están sentados en las baldosas de cemento con una cerveza helada en la mano. ¿Podría reconocerte si el viaje dura noche y día?

sábado, septiembre 23, 2006

Mensaje en una botella a media tarde y extravío

Vejo o teu rosto quotidiano
como se a penumbra
tivesse olhos
ou como se as raízes pudessem ver
através da sombra

António Ramos Rosa

Viens dans mon visage.
Marguerite Duras

En medio de esta tarde los recuerdos transcurren ligeros, como el vuelo del gorrión que va de un árbol a otro. Van y vienen y aquí está tu rostro. Lo miro en la fotografía pero debes saber que lo busqué inútilmente desde hace años sin pensar que estaría aquí, con esta luz de verano cubriéndolo por completo. Hay una mirada, hay un gesto que conozco bien aunque no lo sepas, o quizá lo intuyes pero eso no importa. Importa esa mirada que me mira o al menos así quiero verlo. Me mira desde antes de mirarme. Estaba presentido que así tendría que ser porque busqué tu rostro sin saberlo. Lo busqué una tarde soleada en El Retiro mientras vagaba cansado y ausente: había unas parejas de enamorados diciéndose cosas al oído, riendo de tonterías, acariciando hombros, manos y un cielo transparente; me pareció verte en Tánger escabulléndote de mi mirada en las calles laberínticas del zoco, en medio de hombres con chilabas, de palmeras y ruido asordinado; en Praga mirabas desde el puente Carlos IV las aguas quietas de Moldava: sólo el reflejo del destello gris me avisó de tu presencia; en Ciudad de México leías bajo la sombra de un árbol en el Parque España; cruzaste en un barco el Bósforo y sólo lo supe tiempo después, cuando Estambul era una presencia, unos apuntes en un cuaderno perdido entre las pilas de libros y los fantasmas; en Nueva York te encontré mirando libros en una librería de viejo: nunca lo supiste, de ahí te seguí durante horas, cada paso tuyo quedaba en mi memoria, cada movimiento de tu cabello desordenado, cada sonrisa; en Buenos Aires buscabas la tumba de Bioy y tratabas de escabullirte de los turista que se dirigían a la de Eva Perón, luego te seguí por la ciudad durante horas, entre calles y otoño; en una playa del Pacífico no permití que te mojaras con las olas breves, con el mar azul y transparente; en Lisboa te descubrí mirando las aguas del Tajo una mañana fría, esperabas la barcaza que te llevaría a otro lado. En cada instante, en cada rostro estaba el tuyo. Han pasado los años, hemos envejecido mientras tanto pero tu rostro sigue sin cambiar en la memoria, es aquél que encontré y me ha seguido insistentemente, es aquél que día con día está conmigo. ¿Tú lo sabes, verdad? Hay algo de añil en los recuerdos, hay algo de nube y alcaravanes. Es un talismán tu fotografía: va conmigo a todas partes, se desgasta por el uso. Es un pasaporte para los días aciagos y para los felices, porque hay algo de sorpresa, de naufragio, de distancia y súbito relámpago en los gestos que conozco de ti. Por ejemplo, cuando duermes ¬¬─me gusta verte cuando duermes─ imagino tus sueños. Son trozos de otro mundo, partículas, destellos de otra vida lejos de cualquier gente. Nos une tu brazo extendido entre las sábanas, el olor de tu cuerpo y la sonrisa en tus labios. ¿Qué más podría unirnos cuando duermes? Ahora, mientras espero mi próxima partida, y veo los aviones alejarse, hay en esta larga fila de espera para abordar una posibilidad: tu rostro va conmigo y tomo las maletas y mi boleto, reviso mis pertenencias, miro hacia lo que queda y estás allí, en esa bruma, en ese tumulto de despedidas y regresos y cierro mi abrigo y extiendo el brazo para hacer una señal de despedida o quizá de reencuentro. Tú vas conmigo, aunque no lo sepas.

viernes, septiembre 22, 2006

Estos ancianos que toman el sol de primavera
tienen una gracia silenciosa. No hay murmullos
que escapen a la luz del mediodía. I remember,
I remember. No quisiera irme
antes de decirte que esos niños que juegan
en el quiosco mataron ayer una paloma. Ahora
el segador corta a la perfección el pasto. La máquina
ensordece el vuelo de las aves. Quisiera que el viento
refrescara la mirada de esas dos extranjeras
sudorosas. Sí, recuerdo
il ponto vecchio, una nube
fracasada en el cristal, las aguas
dolientes. La esencia de la verdad reside
en lo difuso. Esos niños dan de comer
a las palomas un puñado de maíz. No refresca
la brisa la memoria.

jueves, septiembre 21, 2006

Revólver rojo

“Parece que perder
no es un arte difícil:
los muertos de verdad de uno
son víctimas amadas de los vivos.” Parece /
dijo “Perder”, dijo “un arte difícil” / parece entonces
que el caracol, la anémona, son víctimas
“amadas”, la mujer sentada en el borde
de la banqueta, este aire nocturno y helado / “víctimas”
de no sé qué situación, de qué carencia. Carezco
de mis muertos amados. / Hay esquirlas,
una sensación de pesadumbre. / Parece que los ojos
se vacían de uno o de simple ausencia /
y dices que es un “arte difícil” la trayectoria / el
vaivén de las hojas fue un cambio ya planteado
desde antes: los muertos, la secoya, la letra
de ese dolor en el costado. / No sé qué prefieras,
si el aturdimiento, o el fulgor
de las cosas que son alas / un descenso individual
en las extensiones del hielo, el amarillo
digno de una sola antena que sobresale
desde la ventana─
Tenuemente lo perdiste todo, dices,
el oro y el instante, el viento
en el boulevard. De qué sirve / “es difícil” /
“perder” / tan sólo equívocos.
Podemos hablar más de la luz del sol
que del lenguaje, pero el lenguaje
y la luz
se ayudan mutuamente… Hay un efecto
ante las pérdidas: el pensamiento sucumbe,
y quizá no importe / pero el pájaro emigra
a otra tierra de un cielo parecido
a este cielo. Todo podría ser igual: la pérdida,
el arte difícil de nombrar
y poco importa la garra de esa ave detenida
en el olmo / “amadas víctimas”, el nivel del agua
del estanque, una garza extraviada
en el lenguaje ajeno.
“Parece que perder no es un arte difícil.” / Toda
catástrofe es piedra─
Una avenida, un patio solar,
la mesa en la casa de tu madre para tomar el té,
el gorjeo herido del gorrión y las verduras, dice, son
“amadas víctimas” / el auto que asciende
es una mañana y arrayanes y olvido, dice, aunque
es difícil encontrar una frazada
frente a mi cuerpo repleto de anestesia. / “La luz
del sol”, “el lenguaje”; la luz del sol
en el acantilado y en mi espalda
podría ser otro cielo, una ”víctima amada”: sí
se desvanece el aliento y hay perdigones
en la pérdida, dice. Hay un símbolo en el muelle,
en ese pozo de caballos y de sombras. / Perder
significa un revólver rojo
en la respiración del hundimiento.

martes, agosto 22, 2006

Césped cuidado

So they have it, all the time. But all was strange.
J. A.



1
Hay enfermedades que aparecen en el cuerpo con más prontitud, me decía mi abuelo frente a los riscos. Ten cuidado y disparaba contra las aves. Un estruendo. Luego otra vez a agazaparse durante largo tiempo.

2
La operación fue sencilla pero dolorosa. Un tajo de diez centímetros al lado de las costillas para quitar por completo la vesícula. Un pólipo. El escritor esperaba en una camilla y leía Manual del distraído de Rossi. Dos horas, o un poco menos, y luego las palabras incoherentes, algo de Praga, las largas caminatas y una imagen de Nam June Paik que aparecía insistente.

3
Un día platiqué con mi amigo poeta sobre los años que pasaban, sobre la inutilidad de la escritura. Somos más viejos, me dijo. Somos más viejos que hace unos instantes.

4
Egon Schiele murió muy joven. También mi compañero de escuela. Iba en una motocicleta cuando un cable de luz se trozó y cayó justo en el momento que él cruzaba un puente. Le cortó la cabeza de un tajo perfecto. Quiero pensar que no hubo dolor, quizá una sorpresa y no más.

5
Mi amigo poeta a veces habla de sus hijos. Un día me platicó una historia de juventud. Recuerdo un auto, una pistola, alguien que fallece y la adolescencia como un atroz crecimiento, como una cruel herida.

6
Mi padre jugaba ajedrez. Un accidente truncó su carrera. Un jovencito que aprendía a manejar lo atropelló, arrojándolo varios metros en la calle. Tuvieron que ponerle a mi padre una placa en la cabeza. Duró un año temeroso de salir fuera de casa. Yo era un niño. Hace demasiados años de esta historia y a veces la recuerdo por las noches de verano.

7
Hay una secta en un pequeño pueblo de Oregon que trata de mantenerse joven por siempre. Realizan ritos extraños, usan códigos para reconocerse, estudian la novela de Dorian Grey como una Biblia. Dicen que su líder tiene 450 años y habla con gente que viene de otras galaxias.

8
Dejar de ser jóvenes. En ocasiones viene a mi memoria el poema de Pacheco. ¿Será que nos hemos convertido en eso?

9
Decía mi abuelo, mientras conducía su camioneta por caminos vecinales, que había que crecer con coherencia a nuestros actos. Por momentos creo entenderlo.

10
La mujer del escritor es atractiva. Tiene 35 años y no quiere envejecer. Hace dietas, usa cremas, de vez en cuando ejercicio. Ayer mismo hablaba de la posibilidad de someterse a un tratamiento novedoso para detener el paso de los años.

11
El escritor habla con su amigo poeta de los libros que tendrían que haber escrito. De lo falso que es considerar a alguien todavía un joven escritor o una promesa hasta los 35 años. Mejor no decir cuántos han escritos obras magníficas antes de esa edad.

12
Quisiera envejecer sentado en alguno de los sillones hechos por Franz West, dice el escritor. Escultura que se vuelve objeto utilitario. Quisiera sentarme allí y mirar el cielo de Nueva York, dice quien escribe.

13
Soñé que cuando fuera adulto viviría en un país lejano. Cuando no podía dormir tomaba mi cuaderno y dibujaba extraños parajes, aves exóticas, rostros que algún día encontraría cuando fuera adulto. También soñaba que sería pintor. Un día ya no pude dibujar o trazar en el cuaderno. Lo último que realicé fue un retrato de Dizzy Gillespie tocando su trompeta.

14
A alguien se lo dijo el escritor. Todo queda en proyectos. Es un maestro de los proyectos nunca realizados. Hace poco leyó un texto de Salvador Elizondo sobre eso. NeoCosmos, escribe Elizondo. Proyectos no realizados. La juventud se va, ahora sólo queda enfrentarse a lo que no se realizará jamás.

15
Caminando por Corrientes, en Buenos Aires, el escritor miró un anuncio espectacular e imaginó que escribiría una novela en donde el personaje miraría envejecer a todos sus amigos en una isla desierta. Serían no demasiadas páginas pero en realidad no pasaría gran cosa. Sólo la descripción puntual del envejecimiento, de los libros, o las obras no realizadas. El Gran Mundo del Fracaso.

16
Hace dieciocho años, quizá, en un table dance, el escritor vio cómo sería de adulto. Fueron algunos minutos de miedo, intriga y zozobra. En otra mesa, cercana a donde estaba el escritor con otro amigo, había un grupo de hombres que bebían y miraban a una de las bailarinas. El amigo fue quien descubrió esta extraña casualidad. A espaldas del escritor estaba su futuro: un hombre muy parecido a él, con lentes, cabello cano, rostro adusto y un cigarro en la boca. Cuando se encontraron sus miradas, ambos prefirieron salir de ahí. No era conveniente encontrar pasado y futuro en un instante del presente.

17
A mi abuelo le gustaba conducir durante horas. Me explicaba la diferencia entre los diversos pastizales, los colores cambiantes de la tierra, la mejor temporada de caza.

18
La mujer del escritor pasa horas ante el espejo para descubrir las arrugas que todavía no aparecen.

19
La enfermedad obliga a uno a envejecer antes de tiempo. Aprendes la diferencia entre antihistamínicos, antiespasmódicos, ansiolíticos, antidepresivos. La enfermedad tiene una cura para la propia enfermedad.

20
En “Enemigos unidos”, pieza escultórica de Thomas Schutte, las dos figuras unidas envueltas en felpa y retazos, bien podrían representar lo que significa dejar de ser joven y entrar a la adultez. Hay en los rasgos faciales de esos “gemelos” el miedo a lo que vendrá, el miedo de lo que se deja.

21
Una instalación a la manera de Zarina Bhimji: estanterías de metal a los lados de una larga habitación blanca, o un largo pasillo; en los entrepaños se colocarían fotografías del escritor desde su nacimiento hasta el momento actual. Siempre podría renovarse. Allí, al igual que las fotos que se toma día con día José Luis Cuevas, se mostraría el paso del tiempo.

22
La mujer del escritor se despierta en ocasiones muy temerosa. Le cuenta que ha soñado con una larva que la sigue. No quiere que la alcance porque cuando eso suceda, su piel se agrietará indefectiblemente.

23
Mi abuelo murió de un ataque al corazón. Era domingo y hablamos de viajar por una carretera solitaria. Todavía lo recuerdo con su traje gris, su cabello cortado al casquete, sus lentes delgados. Una carretera solitaria en donde pudiéramos manejar con los ojos cerrados largos trechos.

24
A veces, durante las noches de insomnio, el escritor y su mujer hablan de tener un hijo. Tendrá que ser pronto, dice ella. Él asiente y aprovecha la oscuridad para no descubrir su miedo.

25
El amigo pintor trabajó en un gran lienzo con un tema absurdo: “Dejar de ser joven”. Cuando se lo mostró al escritor quería saber su opinión. Un fondo blanco, un trazo oscuro que atravesaba toda la tela por la mitad y chorreaba en algunos puntos. Eso era todo. El escritor quedó sorprendido porque su amigo pintor era figurativo y un gran colorista. Un trazo, una mancha, eso es dejar de ser joven, pensó.

26
Hay una fotografía en blanco y negro en donde una mujer joven está sentada en una cama, cubre su rostro con las rodillas. Al fondo se ve una cama y una pared desnuda. Algo ha sucedido o está a punto de suceder.

27
Sophie Calle es una detective o quizá una poeta. Su serie de fotografía sobre ciegos descubre un mundo extraño y sugerente. “Hablé con personas ciegas de nacimiento, que nunca han visto. Les pregunté cuál es su imagen de la belleza”, dice la artista. Un retrato de la persona ciega, una frase enmarcada y una imagen son la triada, el resultado de su pregunta. ¿Cuál es la imagen de la juventud ida?

28
La mujer del escritor devora novelas como si luchara contra el tiempo.

29
Mi amigo poeta me cuenta de una gira con su grupo de rock. Imagino que son treintañeros que cantan a jovencitos. Imagino a la gente coreando las canciones que son poemas de mi amigo. Imagino las travesías por las carreteras en algún autobús viejo o quizá una Van. Beben, bromean, quizá alguno duerme o alguien escribe una futura canción y alguien más tararea una melodía. Imagino el concierto y el cansancio. Ah, la juventud, eso.

30
Así sucede, todo el tiempo. Pero todo fue raro.

domingo, agosto 06, 2006

Paisatge blau

Había querido escribir sobre ti
pero se atravesó la lluvia. Un fuerte
impacto en el parabrisas, algo del paisaje
que cambia, como tus ojos. No lo sabes,
pero hay nubes que nos abrazan
con sus manos húmedas. Es mejor
pronunciar tus palabras favoritas
en una lengua sin huesos. ¿Entiendes
que un simple gesto, o el cabello cayendo
en tu rostro tienen la fuerza
contenida de la belleza? No diré
que hay fresnos en la avenida, temblorosos
jacintos, jacarandas. ¿Cuántos
automóviles contaste? Son demasiados
los mundos de esta carretera. Un muro
de agua para avanzar al otro lado. Alguna
vez las aguas del Tajo
me llamaron, te lo dije. Ahora
lo único que deseo es tocar
con un dedo tu sonrisa.